Me gustarìa saber lo que hacen en otras latitudes;porque nosotros nos estamos volviendo locos. Primero por el hedonismo consumista que hace delirar a los compradores y hace reir a carcajadas de mandìbulas batientes,a los comerciantes que esperan estas temporadas como caimàn en boca de caño o como esposa las utilidades de fin de año, algunos esposos mantenidos tambièn. Pero, el ridìculo lo ponen los pendejos que se han dejado vulnerar su idiosincracia y si no ponen un arbol de pino, con guirnaldas de hojas de acebo, artificial de paso, co bambalinas costosas, bombillitos intermitentes, los regalos a su pie, adornan la casa con las instalaciones que parecieran la quinta avenida de Nueva York, y lo mas kitsch, en la fiesta del veinticuatro de diciembre rocian con spray nieve, si, no puede faltar una navidad venezolana sin nieve. O nos volvimos mierda, o definitivamente, la alienaciòn no tiene lìmites. Yo recuerdo las navidades de cuando estaba yo niño, hacíamos un pesebre con cariño, en donde participaba toda la familia y hasta se cantaban villancicos en plena faena. Ahora, todo es un arbol, muñecos con bufanda, san nicolases con renos, y toda la parafernalia de invierno boreal en un pais en que hasta la frìa mèrida de antaño, hoy tiene un insoportable calor que ni Maracaibo. Nos volvimos locos.
Aqui no termina todo, en la Venezuela saudita de los años setenta, el escoces bañaba a todos los habitantes de esta tierra de gracia, ahora son las cervezas light o ligera, que ni rascan ni alimentan, y creo que en el futuro tendremos una caterva de gente muriendo de diabetes; ah, y orine parejo en las calles, en los rincones, en los patios y algunos hasta en los roperos de su casa;hasta mi amigo Orlando, que le orino la nevera a su familia con pernil y todo, gracias a las cervezas que dejan los conductos de la uretra limpiecitos, como también le sucediò a los amigos de un edificio, que el dueño del pent house se equivocò o pasò de largo y le quemò los jardines colgantes en los balcones del condominio.
Y continùo con mi ejercicio literario, y agradeciéndoles que me sigan leyendo de antemano. Porque remato mi artículo con el clímax de el colmo de la estupidez: me refiero a los cosejos de la nueva era. Cuando en este país sabíamos del espíritu de la navidad, nos han metido a trompicones hace mas de una dècada una nueva vaina. Hasta muñecos y todo, oraciones y estamos pendientes de la hora en que llegarà. Que comamos uvas del tiempo, que nos pongamos interiores amarillos, que carguemos maletas, que te quites el zapato izquierdo, que bùsques riqueza. Coño, estamos vueltos mierda. Feliz año nuevo. En el nuevo, por favor, basta de se esnobistas.
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