Miguel Hernández.
Cada año, las campañas de publicidad de Navidad nos hacen testigos de un concurrido desfile de juguetes casi mágicos, que sin embargo, pierden buena parte de sus encantos publicitarios cuando se adquieren en la tienda.
Desde hace algunos dÃas, esos modernos sÃmbolos de la Navidad que son los anuncios de los juguetes nos â??bombardeanâ?, con sus múltiples mensajes a niños y adultos con el único propósito de aumentar las ventas de juguetes.
Un elevadÃsimo número de mensajes publicitarios tienen por protagonistas y destinatarios a los niños, para quienes llegan a ser un auténtico desafÃo interiorizar y almacenar toda esa información y que también pone en dificultad al adulto a la hora de elegir los juguetes. Â
Las agencias de publicidad son buenas conocedoras de la psicologÃa del niño y de su mayor capacidad de la lectura de la imagen. Por ello no es extraño que incluyan en un solo â??spotâ? de 20 segundos, hasta 2 o 3 de juguetes, con la seguridad de que los pequeños retendrán los distintos mensajes.
Sin embargo, este buen conocimiento que se tiene de los niños, no suele utilizarse en su beneficio. No todos los â??spotsâ? de las últimas campañas de Navidad indican la edad recomendada del juguete, factor del primerÃsimo orden para elegirlo y casi un 75 por ciento, apela a los sentimientos, emociones y satisfacciones que el niño lograrÃa con el juguete.
Además de apelar a los sentimientos y dar una parca información, si se da, la publicidad del juguete suele abusar del recurso a la fantasÃa. Casi una cuarta parte de los anuncios televisivos mezclan imágenes reales con dibujos animados. En estas condiciones es muy difÃcil que los pequeños hagan prevalecer la lógica para elegir un juguete. Â
Pocos â??spotsâ? informan del precio final del juguete. A pesar de ser obligatorio sólo un bajÃsimo porcentaje de los â??spotsâ? indica si el juguete necesita pilas.
En las últimas campañas aunque el argumento belicista apenas tuvo presencia, la asignación de roles en función del sexo fue, sin embargo, demasiado frecuente. Asà las niñas continuaron siendo las protagonistas y destinatarias de los anuncios de muñecas, cocinitas y similares, y los niños de los coches y construcciones.
Se estima que la mayorÃa de los â??spotsâ? de juguetes podrÃa considerarse como publicidad engañosa porque silencia datos fundamentales del producto y confunde a sus pequeños destinatarios, y a los no tan pequeños, y el juguete no se presenta tal como se adquiere en el establecimiento, ni muchas veces a su tamaño real. A estos â??spotsâ? se le puede aplicar, aquello que dijo el poeta: â??La mitad de lo que dices / cuando hablas no es verdad. / La otra mitad es mentira. / Lo que callas, el totalâ?.
Francisco Arias SolÃs
No disparar donde haya niños. Stop.
En la gloria no necesitamos más ángeles.
Portal de Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.
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